Los cementerios fuentecanteños, depositarios de la historia de la localidad

El actual data del siglo XIX. Antes estuvo junto a la parroquia y alrededor de San Juan

Los preparativos en el cementerio se aceleran de cara al sábado.
DÍA DE LOS DIFUNTOS

La historia que guardan los cementerios es parte esencial para entender la historia local. Desde este convencimiento, Cayetano Ibarra inició hace años una investigación sobre la ubicación y evolución de los lugares de enterramiento de Fuente de Cantos, una tarea aún no concluida de la que da a Hoy Fuente de Cantos algunos esbozos.

Así, en lo que podría denominarse 'la historia contemporánea', el primer camposanto, como era habitual, se situaría en la plaza de la Constitución, junto a la parroquia y también en el interior de ésta. Esto lo certifican tanto las lápidas que había cerca del altar como hechos, según relata Ibarra, como que al hacer la zanja para meter el cableado de la cabina telefónica que hay junto al bar Salas apareciesen restos óseos. "Se enterraban en el exterior o el interior, y a más alta alcurnia, más cerca del altar", explica.

La evolución urbana obliga a cambiar el lugar de enterramientos. Se empieza a utilizar entonces el entorno de la ermita de San Juan, sobre todo la zona donde ahora están los campos de juego. De ahí, comenta Ibarra, el arco en uno de lo muros exteriores de la ermita, que era parte de una nave anexa para el camposanto.

Pero estamos en años de una alta mortandad, con una media documentada por las investigaciones de Ibarra de 258 fallecimientos anuales, eso los años que no hay epidemia, como las de 'morbo' (cólera) de 1854 y 1855 o la de viruela de 1857, capaces de llevarse a 60 personas en un solo mes. También es altísima la mortalidad infantil, que llega incluso al 85% en algunos años.

Por ello, el cementerio de San Juan termina quedándose pequeño. "Hay un acta de un pleno municipal de julio de 1879 que habla del hedor insoportable que se advertía en la calle de la Almena, ya que el cementerio de San Juan está al límite y se están trasladando al osario cadáveres aún en descomposición para hacer sitio", comenta Ibarra.

Así se da orden de apertura inmediata del cementerio actual de San Fernando, iniciado en marzo de 1877, cuando ya hay documentos que aluden a la compra de cal para construir un camposanto en Los Silos, un kilómetro a noreste de las últimas casas.

La primitiva cruz principal de madera instalada en 1878 se sustituye en 1890 por una de mármol simulando madera que se encarga a Francisco Sabán, y que cuesta 225 pesetas. Es la que hay todavía en la calle principal del cementerio.

"Esta cruz se retira en abril de 1932, con la instauración de la II República, ya que tiene grabada la flor de lis, símbolo de la monarquía borbónica. Igual se hace con la flor de lis que hay sobre la cancela de la entrada", apunta Ibarra.

Otro dato curioso de ese mismo año: el pleno aprueba llevar la electricidad al cementerio, pero esta decisión no se plasma... hasta principios de los años 90, "prueba de que entonces ya había políticos como los de ahora", comenta Ibarra con una sonrisa.

Un nuevo hito en la historia del cementerio, que en principio tuvo dos partes: la actual, que era de uso católico, y el solar adyacente donde eran enterrados los suicidas y quienes profesaban otra religión, es la construcción de la sala de autopsias, que tiene lugar en 1914. "Es a raíz del asesinato a puñaladas de Manuel Peña, de 18 años, cuya autopsia da muchos quebraderos de cabeza porque no hay un sitio adecuado para hacerla y se decide construir la sala", apunta Ibarra. La lápida que certifica este crimen aún está en el cementerio, en la pared del fondo, a la izquierda, en el nicho 586. Aunque muy castigada por el tiempo, aún puede leerse la profusa inscripción que relata que el joven fue "vilmente asesinado".

Pero además de los cementerios 'oficiales' o 'públicos' también existían otros de carácter privado, según documenta la investigación de Cayetano Ibarra, y que estaban asociados a órdenes religiosas.

Este es el caso del que se ubica dentro del convento del Carmen, que pasa por algunas vicisitudes, como lo prueba el hecho de que el 31 de julio de 1934, la superiora de las carmelitas, María de las Mercedes del Niño Jesús de Praga, registre una solicitud donde ruega que se le siga permitiendo el uso de este enterramiento privado, "aprovechando que la derecha ha ganado las elecciones", comenta Ibarra.

También hay cementerios privados en las concepcionistas, donde ahora está la Casa de la Cultura, como lo prueba la cripta que se encontró al hacer las obras de remodelación para uso cultural de la antigua cárcel, o en el Hospital de San Diego, éste perteneciente a los franciscanos.

Ibarra explica que estos datos forman parte de una investigación aún en curso, mucho más amplia y que pretende completar con la documentación de las personas que hay sepultadas en el cementerio actual para urdir desde ahí un relato histórico.

Preocupación

Pero ya trasladados a la actualidad, hace días que los fuentecanteños andan ocupados en adecentar, como cada año, las tumbas donde reposan sus seres queridos con vistas al Día de Difuntos.

Para esta ocasión, según explicó la alcaldesa Carmen Pagador, se ha prohibido instalar nuevas lápidas desde el 28 de octubre "para que al ponerlas no se manchen las contiguas que ya habrán sido preparadas para estos días".

En cuanto a las mejoras realizadas, Pagador explicó que ha concluido la construcción de los nichos nuevos, se ha adecentado todo el recinto, con especial dedicación a la cúpula de entrada al camposanto, y se han colocado farolas en el camino principal. "Son unas farolas que nos hemos encontrado almacenadas, comprada al parecer para el teatro, y que no podían ponerse en ningún otro sitio, ya que al ser muy bajas quedaban a merced de actos vandálicos", indicó. De paso han servido para tapar los poyetes con tubos que desde hace tiempo jalonaban esta calle se supone que para instalar la iluminación aunque luego ha habido que volver a abrir las zanjas porque era imposible meter los cables tal y como estaban puestos los tubos.

Ahora lo que preocupa es el estado de los nichos de la esquina izquierda del fondo, muy deteriorados por el abandono. "Es imposible entrar en las criptas para arreglarlas, porque podrían derrumbarse, así que lo que habrá que hacer es empezar a desmontarlos de arriba hacia abajo e ir consolidándolos y reparándolos así".