Emilio García Carretero, tenor, actor... y ahora también escritor

Prepara una exposición en Fuente de Cantos alrededor de la figura de Antoñita Moreno

Emilio García Carretero (izq), junto a Antoñita Moreno, en la presentación de su libro sobre la vida de la artista.
AMOR POR SUS RAÍCES

"Le habrán dicho que yo era un niño que cantaba continuamente por las calles", comenta Emilio García Carretero, y agrega: "es cierto, pero creo que lo hacía para ahuyentar el miedo mientras repartía por las noches el periódico casa por casa, porque entonces las calles estaban muy solitarias y oscuras". El tenor fuentecanteño, que ha estado nada menos que cuatro décadas en nómina del Teatro de la Zarzuela de Madrid, reconoce desde el patio de su casa en la calle Jesús que la suya no fue una infancia feliz. "Era un niño diferente, que cada cual lo interprete como quiera"

Pronto, después de trabajar como repartidor de periódicos y panadero, descubrió que su sitio estaba lejos del pueblo. "Con 17 añitos me fui a Madrid a hacer la mili y a tratar de introducirme en el mundillo que me gustaba, el de 'artista', aunque no sabía muy bien qué era eso". Pero antes de poder vivir de su vocación tuvo que trabajar como albañil y, de nuevo, como panadero, "y pasé hambre, pero lo asumía porque era mi decisión".

Con apenas 20 años empieza a trabajar en 'lo suyo' y casi inmediatamente conoce a la figura del teatro que más le ha impactado. "Cuando conocí a Antoñita Moreno ella estaba en su punto álgido de belleza y fama, era para mi una diosa", apunta, y añade: "lo que empezó siendo admiración por la artista derivó con los años en devoción por la persona, y ese mito nunca ha caído, sigo manteniendo una gran amistad con ella".

Esa devoción por "la única folclórica de verdad, porque dominaba el folclore de todas las tierras de España", y el cariño por su pueblo le han llevado a traer a la Casa de la Cultura a partir del 20 de agosto una exposición en torno a la figura de la estrella de la canción española, una muestra que fue presentada con gran éxito hace unos meses en el Círculo Mercantil de Sevilla. "Habrá trajes, carteles, objetos de la artista, fotos... la pena es que quería poner una pantalla donde se proyectasen vídeos con algunas actuaciones pero parece que no va a poder ser". Lo que sí parece que será, al menos esa es la intención, es que la propia Antoñita Moreno acuda a la inauguración.

En cuanto a su propia trayectoria profesional, Emilio García Carretero asegura que pese a trabajar en un mundo tan complicado "nunca me ha faltado trabajo, porque hacía lo que hubiera que hacer: si había que cantar, cantaba; si había que actuar, actuaba", y no guarda resentimiento por no haber sido una estrella de relumbrón: "no lo fui porque ni pase por el aro de ciertas pretensiones y mantuve siempre la dignidad ni me interesó nunca la fama que da la televisión, lo mío es el teatro, el contacto directo con el público, percibir sus emociones y sensaciones".

Estas facetas de actor y tenor se han visto en los últimos años completadas con la de escritor. "Bueno, en realidad lo de escribir es un hobby, una vocación tardía que nació cuando me puse a investigar, y así surgieron los tres volúmenes de la Historia del Teatro de la Zarzuela (convertida ya en obra de referencia obligada), las biografías de Celia Gámez y Antoñita Moreno, la colaboración con el Diccionario de la Zarzuela, y los dos trabajos en los que ahora está inmerso: las historias del Teatro Martín de Madrid y el Teatro de San Fernando de Sevilla.

Cuando retrocede en el tiempo y los recuerdos para buscar un rincón favorito en Fuente de Cantos no lo duda: en primer lugar, la torre "a la que subía para ver el pueblo y soñar", y en segundo, el ya desaparecido Teatro del Cabito, en la confluencia de las calles Martínez y Virgen de Guadalupe, "cuyo escenario se veía desde el doblado de mi casa y quizá ahí naciera mi vocación".

¿Y personajes? También dos: "Manuel Yerga, amigo de mi padre y con quien me hubiese gustado conversar más, porque descubrí muy tarde su faceta de flamencólogo" y Lucas Valverde, a quien le une la pasión por la música.

Mientras se prepara para marcharse primero a Sevilla a ver a la familia y luego a Madrid, donde está su hogar, Emilio lamenta la apatía que detecta en su pueblo, especialmente en la juventud "que es la edad a la que tienes que luchar, apasionarte, arriesgarte y no esperar que las cosas te vengan dadas".